Todo el mundo tiene su sitio al aire libre

Brett Donelson, cofundador de The Cycle Effect

En comunidades como la nuestra, enclavadas entre montañas y senderos que se extienden a lo largo y ancho del paisaje, solemos hablar con orgullo del acceso que disfrutamos a la naturaleza. Los senderos nos ofrecen un espacio para respirar, jugar y conectar con los demás. Pero, ¿qué ocurre cuando ese acceso empieza a parecer frágil o desigual? En su carta al editor publicada en el Vail Daily titulada «Todos tenemos cabida al aire libre», Brett Donelson expone sus ideas sobre cómo garantizar que nuestros espacios al aire libre resulten verdaderamente acogedores y seguros para todos los miembros de nuestra comunidad.

Brett reflexiona sobre cómo el miedo y la desigualdad se están infiltrando en lugares que antes ofrecían alegría y libertad, sobre todo para los jóvenes y las familias, que ahora podrían mostrarse reacios a acudir a ellos simplemente porque no se sienten seguros. Nos recuerda que el aire libre es fundamental para la salud mental, la confianza, la comunidad y el sentido de pertenencia. Y que proteger este espacio compartido implica hacer frente al miedo y a la exclusión de forma directa mediante la inclusión, la defensa de los derechos y las decisiones cotidianas.

Aquí tienes el mensaje completo de Brett sobre por qué es fundamental sentirse integrado en la naturaleza. No es solo una idea, sino algo que debemos defender activamente y poner en práctica.

Todos tenemos cabida al aire libre: una carta de Brett Donelson

En el valle de Vail hablamos mucho del acceso a las rutas de senderismo, a las montañas y a las oportunidades. Es una de las cosas que definen la vida aquí. Celebramos nuestra capacidad para salir al aire libre y encontrar un espacio donde respirar, movernos y reconectar con nosotros mismos. Pero el acceso no es algo que todo el mundo experimente por igual.

Y ahora mismo, con el aumento de la actividad del ICE en nuestra región y en pueblos de montaña como el nuestro por todo el Oeste, esa desigualdad se está volviendo imposible de ignorar.

En The Cycle Effect, nuestra misión siempre ha ido más allá de las bicicletas. Trabajamos para empoderar a las niñas y a las mujeres a través del ciclismo de montaña, con el fin de proporcionarles herramientas que les ayuden a ganar confianza, a establecer vínculos y a disfrutar de una buena salud durante toda la vida.

Para muchos de nuestros deportistas, la pista es un lugar de libertad, donde el idioma, el origen y las circunstancias pasan a un segundo plano. Sin embargo, en los últimos meses hemos visto cómo el miedo se ha ido infiltrando en lugares donde antes reinaba la alegría. Las familias que antes acudían sin dudarlo ahora se preguntan si es seguro venir a los entrenamientos o si desplazarse a una competición podría suponer un riesgo para ellas.

Esto no es algo teórico. Está ocurriendo en tiempo real, en nuestra comunidad. Y debería preocuparnos a todos.

Cuando un joven crece con miedo a participar en algo que se supone que le haría más fuerte, le estamos fallando. Cuando los padres tienen que elegir entre ofrecer a su hijo una experiencia positiva y sentirse seguros en público, algo fundamental se ha roto. La naturaleza debería ser el último lugar donde alguien sintiera miedo o se sintiera excluido.

Es importante comprender el efecto dominó que esto tiene. El acceso a la naturaleza no se limita a la actividad física; tiene que ver con la salud mental, las relaciones sociales y las oportunidades. Estudio tras estudio se demuestra que pasar tiempo al aire libre reduce la ansiedad, refuerza la autoestima y fomenta el espíritu de comunidad. Cuando ese acceso se vuelve desigual, cuando algunos niños se sienten bienvenidos y otros se sienten vigilados, se agranda una brecha que ya existe en pueblos rurales y turísticas como el nuestro.

Podemos hacerlo mejor.

Para quienes vivimos y trabajamos en el valle de Vail, la inclusión no puede ser solo un valor que incluyamos en nuestras páginas web o mencionemos en las reuniones de la junta directiva. Tiene que reflejarse en nuestras decisiones diarias, en a quién contratamos, a quién apoyamos y en cómo nos mostramos solidarios los unos con los otros. Tanto los líderes locales como las organizaciones sin ánimo de lucro y los residentes deben dejar claro que nuestra comunidad defiende la pertenencia, no el miedo. Eso significa promover políticas que protejan a las familias, financiar programas que acerquen a los jóvenes a la naturaleza y estar ahí cuando las personas que nos rodean se sientan vulnerables.

Los pueblos de montaña siempre se han construido en torno a la idea del espacio compartido y a la convicción de que la naturaleza pertenece a todos. Pero esa idea solo se mantiene si la defendemos. Cuando el miedo dicta quién puede estar al aire libre, perdemos algo más que la participación; perdemos parte de lo que define el carácter de este valle.

En The Cycle Effect, seguiremos apoyando a nuestros deportistas. Seguiremos creando programas que abran puertas, no que las cierren. Y seguiremos recordando a nuestra comunidad que la inclusión no es un tema secundario, sino que es fundamental para definir quiénes somos y quiénes esperamos ser.

A los jóvenes que quizá se sientan angustiados en este momento: este es vuestro lugar.

A las familias que tienen dudas: vuestra presencia fortalece a esta comunidad.

Y para el resto de nosotros: esta es nuestra oportunidad de demostrar que, cuando decimos «todo el mundo tiene cabida al aire libre», lo decimos en serio.

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